sábado, 1 de octubre de 2016

Día 23 Visita al S de la isla

Hoy ha sido un día de preparativos a bordo. Anoche el tabernero del Zefyros nos puso en contacto con la contramaestre de los puertos de esta isla, ya que no tenemos acceso a agua ni a luz. Al ver nuestra bandera nos ha hablado en español, idioma que dice estar perdiendo porque los turistas solo hablan inglés. Nos ha enseñado donde esta la boca de agua, ya que no hay conexión a la torreta del muelle. Como nuestra manguera no llega a esa boca de agua, hemos movido el barco unos metros hacia la carretera.



Tras enchufar la manguera, hemos llenado los depósitos de agua. El otro problema era el de la electricidad, ya que a la torreta tampoco llegaba corriente eléctrica. La contramaestre junto con Jaime y los tripulantes de un velero suizo, que arribó anoche, han estado intentando resolver el problema. Pero sin éxito. Nosotros no precisamos de corriente eléctrica ya que las baterías están a tope, pero siempre viene bien tener conexión a tierra.



Donde si hay corriente eléctrica es en la torre eléctrica, al otro lado de la carretera, ya que incluso de día se ven las chispas que se producen en ella. Pero esa torre esta muy lejos y nuestro cable no tiene la longitud necesaria para llegar a ella.

Mas tarde nos han traído el coche que Jaime ha alquilado para desplazarnos por la isla. Y después nos hemos puesto a la tarea del día: la limpieza general del barco. En dos días hay cambio de tripulación, y ello exige que hagamos la limpieza del barco. Tanto de la cubierta - incluyendo bañera, balcón de popa, bimini y capota, bote, candeleros y púlpitos - como del interior: cámara, camarotes, puesto del navegante, cocina y aseos. Se trata de una limpieza a fondo.

Una vez finalizada ésta, hemos descansado en la bañera, a cubierto por el bimini, y refrescándonos de vez en cuando con la ducha del balcón de popa. Hoy no hay brisa alguna, y hace mucho calor.

El ver como llegan y parten los ferries, con el consiguiente movimiento de coches, camiones y turistas, es bastante entretenido, pues te da una buena visión sobre el turismo, que llega en barco a esta isla. Dice la mitología, que ésta era la isla en la que nació Afrodita, la diosa del amor, y en la antigüedad esta isla no tenía muy buena fama: parece que su población tenía costumbres bastante licenciosas.

La comida de hoy ha sido a base de restos de otros días. Hay que renovar el contenido de la nevera, y qué mejor que acabar con esos restos guardados en ella. A mi me encantan los restos - los buenos restos, claro - pues te evocan los deliciosos platos tomados unos días atrás. Y además los platos con salsa mejoran su sabor con el paso de los días. En la sobremesa hechos escuchado música de Chavela Vargas, Dean Martin, Carlos Cano, Joaquín Sabina, y otros.



Por la tarde, ya avanzada ésta, hemos ido al interior de la isla. La carretera no es mala, aunque el trazado tiene numerosas curvas. La vista de Dhiakofti y de Makrykithera, con el puente que las une, es impresionante. El agua tiene ese color azul típico de las playas y calas griegas.



La imagen del Nordland varado en Prasonisi - y al que se dirige una zodiac con buceadores - desde una ladera próxima a Dhiakofti, resulta también impactante.



Lo primero ha sido localizar el aeropuerto, y desde él hemos ido hacia el S de la isla, hasta llegar a Kíthera. el pueblo sobre el puerto de Kápsali. Hemos llegado con las últimas luces del día, aunque con tiempo para ver el pueblo y acercarnos a su enorme castillo veneciano.



Kíthera es un pueblo turístico 100%, con comercios a ambos lados de sus calles, que permanecen abiertos hasta la hora que haga falta, siempre que haya negocio. Intentamos cenar en una terraza con vistas al castillo, pero en esa taberna solo servían copas y poco mas. Y no encontramos ninguna otra taberna que nos gustara. Por ello, marchamos a Livadhi, una población próxima. En ese pueblo existen muchas tabernas a lo largo y ancho de la carretera general, y escogimos la que nos parecía mejor. La elección ha sido buena, pues la cena ha estado muy bien. Hemos tomado ensalada griega, cordero y brocheta de ternera, con fruta como postre. Para beber, vino rosado y Coca-Cola.

Al terminar hemos regresado al barco, donde habíamos dejado abiertas, como es habitual, las escotillas y portillas para que se ventilase el interior. El tambucho de entrada lo hemos cerrado, como solemos hacer siempre.

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