Hoy me he levantado pronto, a las 06.20 HRB. Al salir a cubierta, hemos visto rastros - es decir, pequeños excrementos - de ratas, que debieron saltar al barco por la noche, pero sin poder entrar dentro. Después debieron saltar de nuevo al muelle, pues ya no estaban por la cubierta. En el interior no había tales rastros, lo que indica que la rata que tenemos a bordo no se ha movido mucho fuera de su escondrijo.
El desayuno ha sido el clásico del Roc Blanc II: café con leche, zumo de naranja, tostadas con aceite y tomate y fiambre, o con mantequilla y mermelada. Lo hemos tomado en la bañera, donde soplaba una suave brisa que resultaba muy agradable.
A continuación, he recogido mis cosas, terminando de preparar la bolsa de viaje.
A las 10.30 HRB ha llegado la furgoneta azul del desratizador. Tras explicarle lo que había pasado, y lo que habíamos hecho, nos ha dicho que eso era lo que había que haber hecho, y que los cebos utilizados tienen el veneno adecuado. Y también la trampa es la correcta. Ha añadido que lo que él podía hacer ahora es colocar unos cebos adicionales, que él utiliza, y que aun teniendo el mismo veneno que los que se habían colocado, aquellos tienen un olor mas atractivo para los roedores. Esos cebos suyos tienen, ademas, una base en la que se pegan los pequeños roedores, pero no los de mayor tamaño. Sin quitar ninguno de los que ya estaban colocados, ha puesto cuatro nuevos cebos. Uno en la trampa, otro en el compartimiento del motor, y los otros en otros lugares de la cámara. Ahora solo queda esperar cuatro o cinco días para que el veneno de los cebos haga su efecto, y la rata muera.
Una vez se ha marchado la furgoneta, hemos cerrado de nuevo el barco a cal y canto, marchando a Potamos a tomar un refresco.
En ese pueblo, antes de sentarnos en una terraza, hemos pasado por un gran supermercado, que allí hay, para hacer unas últimas compras, y después por el ambulatorio para una gestión médica.
En la plaza principal había una terraza con grandes sombrillas, y ahí nos hemos sentado para tomar unos refrescos. Sin embargo, al no correr brisa alguna, hacía mucho calor. Y por eso enseguida hemos decidido ir directamente al aeropuerto, para esperar en éste hasta el momento de pasar yo el control de seguridad. Al menos ahí la temperatura era mejor, aunque el aire acondicionado no funcionaba a tope.
Este aeropuerto es pequeño, pero mayor que el de Leros, u otras islas pequeñas. Ello se debe a que existen bastantes vuelos que conectan esta isla con Atenas, con Creta e incluso con otros destinos internacionales. Los aviones que vuelan a Kíthera suelen ser bimotores a hélice, y el acceso al avión desde el terminal de salidas se realiza directamente a pie, andando por la pista. A las 15.00 h pasaba yo el control de seguridad, y cuarenta minutos después despegaba mi vuelo con destino Atenas.
De esta forma concluía mi travesía Creta2016.



No hay comentarios:
Publicar un comentario