Eran las 03.20 HRB cuando me he despertado al oir a Jaime y Fernando hablando en la cámara. Al abrir la puerta de mi camarote y preguntarles por la razón de su conversación, me han dicho que había entrado una rata en el barco. Fernando, cuyo camarote está a estribor, dando al muelle, se ha despertado al sentir que algo le estaba rozando el hombro. Primero, tras descartar que todo era un sueño, ha pensado que era una serpiente lo que se estaba moviendo en ese momento por su sábana bajera. Sin embargo, al incorporarse ha visto que era una rata la que estaba al fondo de su litera. Ha dado un salto, abriendo la puerta del camarote para salir, y en ese momento el roedor ha corrido hacia la cámara ocultándose debajo de la mesa de cartas. Fernando ha despertado inmediatamente a Jaime, y ambos han tapado, con lo que han podido, la salida de ese hueco por donde había entrado el animal.
A las 04.15 HRB Jaime se ha retirado al camarote, ya que poco se podía hacer en ese momento. Yo me he quedado charlando con Fernando, que estaba muy impactado por el suceso, Hemos charlado, en la bañera, hasta las 05.10 HRB, hora en que nos hemos retirado a descansar.
Estaba claro que el animal había saltado desde el muelle, entrando por alguna escotilla, mientras nosotros estábamos ayer de excursión por la isla. En efecto, durante la limpieza exhaustiva que habíamos hecho por la mañana no habíamos visto rastro alguno de roedores, ni de ningún otro animal. En el tiempo en el que ha estado este roedor solo a bordo, ha roído el envase de plástico duro del desodorante de Fernando, bebiéndose el contenido
Hasta hace unos quince años en algunos puertos griegos - en algunas islas - hubo, según indican los derroteros ingleses, algún que otro problema de ratas, problema que fue eliminado con trabajos periódicos de desratización, y después con la presencia de esos gatos que hoy en día campan a sus anchas en los puertos y tabernas. Ya no se ven, por innecesarias, rateras en los barcos que amarran en estas islas.
En este muelle sobre el islote de Makrykithera, pegado al campo y sin tabernas ni población que luche contra estos roedores, éstos deben vivir aquí libremente.
A las 07.20 HRB me he despertado de nuevo y al salir a la cámara he visto que Jaime estaba tomando un café y tostada para salir con el coche lo antes posible en busca de una solución a este problema. En seguida ha saltado a tierra, cogido el coche y marchado a Potamos, la mayor población de la isla, situada en su mitad norte. Yo he continuado preparando el desayuno y al despertarse Fernando inmediatamente después, lo hemos tomado juntos.
En ese momento hemos visto diversos rastros - o sea, unas pequeños excrementos - de la rata distribuidos por la cámara, lo que indica que en las dos horas en las que nosotros hemos estado durmiendo, ella ha salido del escondrijo, moviéndose libremente por el interior del barco. No sabemos donde se ha vuelto a esconder, pero suponemos que en el mismo lugar donde se había ocultado antes.
Los barcos son como vigas, estando sometidos - en su marcha, por los movimientos de la mar a la que se enfrenta - a torsiones en las tres dimensiones. Por ello, los mamparos interiores no son totalmente estancos, teniendo cierta holgura. A través de esos resquicios, los roedores pueden pasar - dada su facilidad para penetrar por agujeros pequeños -, moviéndose por todo el barco y atacando con sus dientes todo lo que encuentran a su paso.
Los roedores, aparte del asco y rechazo que generan, representan un doble problema. Por un lado, está el problema higiénico general, y en relación a los alimentos estibados, en particular. Por otro, estos animales necesitan, para sobrevivir, roer de forma continua, sin parar, por lo que si llegan a atacar los cables que hay en el barco, el problema creado puede ser tremendamente grave. En efecto, ello puede afectar a los instrumentos eléctricos y electrónicos, y por tanto a la misma gobernabilidad del barco. En este caso su sustitución es bastante complicada, y con frecuencia ha de ser total, de todos los cables. Además están los destrozos que estos animales pueden causar en manguerotes, mamparos de madera y otros muchos elementos a bordo.
Al regresar, Jaime ha traído una trampa, comprada en una ferretería, y unos cebos, adquiridos en un establecimiento de plantas y jardinería que hay en el mismo Potamos. Esos cebos llevan un veneno muy eficaz, pero de acción retardada. El retardo está pensado para que los roedores no asocien la ingesta del cebo con la muerte, pues de otra forma - si fuera de acción inmediata, y de haber mas roedores en el mismo entorno - los restantes roedores al ver como uno de ellos muere tras comer un cebo, no comerían los otros cebos de igual apariencia y olor. En concreto, el retardo de este veneno es de cinco días.
La trampa se ha colocado, con un cebo, debajo de la mesa de la cámara, y los restantes cebos se han repartido por todo el interior, salvo los camarotes. Jaime ha anotado donde se había colocado cada uno de dichos cebos.
Tras acabar de colocar los cebos, Fernando ha terminado de preparar su bolsa de viaje, ya que él sale hoy en el avión de las 15.25 h hacia Atenas. Después hemos cerrado escotillas y portillas, oscureciendo su interior, mediante los stores de las escotillas y las cortinas de las portillas. Y al salir hemos colocado el cuartel del tambucho de entrada, quedando asi cerrado "a cal y canto" el barco.
Eran las 10.00 HRB cuando hemos partido hacia Ag. Pelagia, un pequeño puerto al norte de la isla.
La carretera pasa por lugares muy bonitos, como la garganta que existe cerca de Dhiakofti.
También hay zonas con mucha vegetación, con grandes y tupidas arboledas, además de otras más áridas, sin árboles y solo con arbustos y matorrales.
Ag. Pelagia está situada frente a la costa S del Peloponeso, viéndose desde su puerto el célebre Cabo Maleas, mencionado ya en la Odisea.
Este pueblo es muy turístico, teniendo una bonita playa, amplia y de arena fina. Es curioso que la gran parte del turismo de esta isla se aloje en las poblaciones del interior, y no en la zona de costa. Aquellos pueblos del interior tienen mas población de derecho que los costeros, y mejores infraestructuras.
Los tamarindos que hay al borde de la playa tienen la parte inferior del tronco encalada, con el fin de evitar que hormigas y otros insectos puedan subir por ellos. Este sistema es el habitual en Grecia, y hasta los año 60 del pasado siglo también era el utilizado en España.
Allí, junto a la playa, nos hemos sentado en una agradable terraza, para tomarnos unos cafés frappé. Y hemos permanecido en ella mucho tiempo, ya que en sombra y con una suave brisa se estaba estupendamente.
A las 13.30 HRB estábamos de nuevo en el barco, pues Fernando necesitaba quitarse el calor de la mañana, duchándose en el balcón de popa, y cambiándose de ropa para el viaje. De aquí nos hemos dirigido directamente al aeropuerto, donde a las 14.20 h Fernando pasaba el control de seguridad.
Jaime y yo hemos regresado a Dhiakofti, al Zefyros, para ver qué podíamos comer, a pesar de la hora que era.
Al llegar hemos preguntado al tabernero por su carta de pescado, y él ha abierto el primer cajón del armario frigorífico en el que guarda el pescado fresco. En ese cajón había dos magníficas langostas, y hemos escogido la mayor, la de 1 kg de peso. Él ha insistido en prepararla cocida, aunque nosotros la hubiésemos preferido a la plancha. Tras su insistencia en que fuera cocida y no a la plancha, hemos cedido pues hemos pensado que seguro que no saben prepararla bien a la plancha, y eso hubiera sido una auténtica pena. Como ya he dicho otras veces, en Grecia no saben, en general, manejar bien la plancha ni la parrilla, pues secan, "queman", los alimentos que cocinan en ellas, y ya sea pescado o carne. Al final, ésta ha sido una buena comida, compensatoria del problema del "polizón" a bordo.
A las 16.45 HRB hemos regresado a bordo, sin ver rastro alguno - es decir, cagadas - de la rata. Jaime se ha ido a terminar de comprar cosas que necesita para los próximos días, y yo me he quedado leyendo en la bañera.
A su regreso, y al estibar la compra en los pañoles, Jaime ha visto la cola de la rata en el pañol en el que se estiban los paquetes de papel de cocina e higiénico, servilletas, bayetas, spontex, etc. Este pañol está situado a babor, cerca de la mesa de cartas. La rata se ha movido en ese momento rápidamente, ocultándose de nuevo. Varios de esos paquetes estaban mordisqueados, por lo que ha habido que sanearlos. También ha comprobado que dos de los cebos que había colocado en ese mismo pañol habían desaparecido, lo que indica que el roedor se los ha llevado al lugar en el que duerme, pues es allí donde come sus capturas. Esto significa que posiblemente la rata ya haya comido el veneno, y de esta forma morirá en unos días.
Jaime ha decidido que, llegados a este punto - en el que la trampa no ha funcionado, y los cebos tardarán en tener efecto -, sería bueno el que un desratizador profesional viniera a ver al barco, y viera como están colocados los cebos y la trampa, y si hay algo mas que hacer. Por ello hemos vuelto a la taberna Zefyros a hablar con el tabernero.
Este hombre es muy diligente, y nada mas contarle nuestro problema ha llamado a un desratizador de la isla. En ésta existen dos monasterios, multitud de tabernas y hoteles familiares, además de huertos y campos de cultivo, para los que se necesitan estos profesionales. Su contacto le ha dicho que mañana ha de estar a las siete y media en el monasterio que está en la montaña cerca de Dhiakofti, y que cuando termine, a partir de las 9.30 h, vendrá al barco.
Esta noche hemos cenado a bordo, y suavemente para compensar la copiosa comida del día.
El día ha sido largo, asi que enseguida nos hemos retirado a descansar. Jaime ya estaba en su camarote, cuando yo he ido a colocar el cuartel del tambucho de entrada para cerrar ésta, he visto como una rata venía corriendo por el muelle dispuesta a saltar al barco. Seguro que nuestro "polizón" ha llamado a otras ratas, como hacen cuando una de ellas encuentra comida en un lugar. Al verla, la he dado un grito, que la ha hecho retroceder, dando media vuelta y volviendo a su lugar de origen. Al bajar a la cámara le he dicho a Jaime lo que había pasado, y hemos cerrado el barco totalmente, sin dejar abiertas escotillas o portillas de ventilación. Por ahora, solo tenemos un polizón a bordo, y hay que evitar que entren mas animales en el barco.








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